El músico de los instrumentos raros

16/Ene/2012

La República, Federico Bentancor

El músico de los instrumentos raros

16-1-2012
TAL KRAVITZ
POR FEDERICO BENTANCOR
Flautas que se ponen en la nariz, sierras que emiten sonidos fantasmagóricos, quijadas usadas como panderetas: estos y otros instrumentos son los que toca Tal Kravitz.
Nuestro mundo está inundado de ritmos, canciones e instrumentos tan diferentes entre sí como las culturas que los producen. Muchos de ellos corren el riesgo de desaparecer para siempre y evitar que ello ocurra es la misión del multiinstrumentista israelí Tal Kravitz, quien estuvo en nuestro país.
Un descubridor de sonidos
“Mi trabajo se divide en dos: en Israel, mi tierra querida, represento la música del mundo, y fuera de Israel también difumino la música del planeta, pero además presento el mensaje de la música israelí. Creo que mi principal meta profesional es hacer lo mejor para que se preserven estos ritmos e instrumentos”, explicó el artista a LA REPÚBLICA.
La vocación de Kravitz surgió en África donde hace 16 años trabajó como maestro moviéndose de aldea en aldea en la frontera de Kenia con Uganda. “Me quedé ocho meses enseñándoles a los habitantes a preservar su música. Creamos flautas con el bambú local y les enseñé a traducir cada posición con la flauta a notas en el papel. También tratamos de preservar todos los textos sobre canciones y ritmos. A cambio me dieron mi futuro profesional. Volví con las ideas y me convertí en ‘performer’”, resumió.
Desde entonces Kravitz ha viajado por el planeta y ha descubierto instrumentos casi inconcebibles. Entre los más llamativos que recuerda está la quijada, la mandíbula inferior del burro que en Perú es usada como una especie de pandereta en la que el sonido proviene del roce de los dientes del animal. “Suena bien pese a que soy vegetariano, aunque me juraron que el burro era viejo y no lo mataron por el instrumento”, confesó. En las Filipinas halló la flauta de nariz, que se toca colocándola en una fosa nasal. Asimismo en Rusia aprendió a usar la sierra para sacar sonidos etéreos con un arco de violín y tocar, por ejemplo, el “Ave María”.
Mención aparte merece el theremin, el primer instrumento eléctrico del mundo, creado por el físico ruso Lev Serguéievich Termen en 1919. Lo increíble del aparato compuesto por una caja con dos antenas es que emite sonidos sin necesidad de que se lo toque, a través de campos electromagnéticos. “Lanza ondas de radio que entran en vos y reacciona según qué tan cerca estás de la antena. Cuanto más próximo, más agudo suena. Si se lo toca no hace sonido”, indicó.
Pero más allá de los cientos de instrumentos que conoce, Kravitz tiene su favorito: el arpa celta. “Es más chica que la clásica. Ha sido usada por unos 1.500 o 2.000 años en Irlanda, Escocia e Inglaterra. Cuando la tocas la pones en tu pecho y la vibración va por tu cuerpo y te hace sentir parte de ella. Eso hace que la ame”, argumentó.
Un don que se comparte
Las presentaciones del multiinstrumentista se apoyan en todo su histrionismo y comicidad. “Hago que la gente ría. Me siento muy afortunado, la música es un gran don. Por eso voy especialmente a lugares donde la gente la necesita más que a nada, como hospitales, orfanatos y prisiones”, contó el artista.
Kravitz sabe de la importancia de la música. Al ser disléxico e hiperactivo, le costó insertarse en el kibbutz donde se crió. Hasta tuvo que aprender a escondidas a tocar el piano, su primer instrumento, ya que por su condición nadie le habría enseñado.
“Mis instrumentos se convirtieron en mis mejores amigos y me hicieron feliz. Y cuando sos un niño feliz es más fácil hacer amigos. La música me dio mi vida”, sentenció.
En su primera visita a nuestro país el artista actuó en el Centro Nacional de Rehabilitación de Mujeres y en la fundación Peluffo Giguens.
Como suele hacer en cada lugar que visita, Kravitz memorizó tres canciones: nuestro Himno Nacional, “Uruguay, te queremos ver campeón” del Mundialito de 1980 y “Cielo de un solo color” de No Te Va Gustar.
También tocó junto a una cuerda de tambores algunos clásicos de la música de Israel. “Sonamos bien juntos”, subrayó. Sobre el candombe dijo que es un ritmo que “nunca había escuchado” y lo amó.
Actualmente Kravitz calcula que tiene unos mil instrumentos en su casa de Tel Aviv, aunque no está seguro. Están en el piso, los muros o colgados del techo. “Créeme que a veces duermo afuera, especialmente cuando está muy caliente adentro”, bromeó.